PREVIO DESDE EL “BACK STAGE”
Y este año, ¿qué?
Como casi todos los años, tengo una sensación ambigua y perturbadora. Miro el programa, lo remiro, le doy todas las vueltas posibles, y no me hago a la idea. ¿Es cierto lo que ven mis ojos? ¿De verdad viene todo esto a Actual? Pero no es eso lo que me provoca inquietud, desasosiego y me humedece la frente. Lo que me desconcierta es: ¿lo sabe la gente? ¿Y llegarán a apreciarlo?
Porque seamos claros: Actual es el festival de la controversia, de la discusión bizantina. Sólo la denominación de origen da lugar a debates: ¿Qué es actual para estar en Actual?* Se puede considerar de igual actualidad el último disco de OT y lo que este año nos trae Kusturica?
(*NOTA : Diego Marín ha escrito acertadamente un artículo con el tema nuestro de cada año, que es como el anuncio del turrón porque vuelve a la casa de Actual cada Navidad. Estoy en casi todo de acuerdo con él. Los grandes arrastran y los desconocidos ponen la carne de verdad. Pero también quiero ser claro. La falta de riesgo que él aduce es tan relativa como el gusto que cada cual tenga para ver, escuchar y opinar sobre el cartel. Y mientras no estén OT ni los 40 criminales ya es asumir riesgo. FIN DE NOTA)
Pues sí, puede dar lugar a confusiones, así que debemos leer no ya entre líneas, sino más abajo, donde viene el epígrafe complementario: Escenario de culturas contemporáneas. Hay está la clave, en el término cultura.
Nunca podremos estar de acuerdo en qué debe venir a nuestros recintos, si lo que vende o lo que sorprende, salvo si aplicamos el término cultura y sobre todo su extensión aprender / conocer. Entonces está claro que el programa de Actual se conduce por donde debe. porque la cultura por definición debe ser deficitaria, hay que gastar en abrir mentes y caminos, no tiene que sentirse intimidada por el movimiento de cheques y millones a su alrededor. Porque de lo demás, de lo comercial, no sólo conocemos sino que aborrecemos, y para eso ya están los canales de explotación consumista. La cultura, como patrimonio del ciudadano administrada por su gobierno, no debe estar sujeta a los cánones ni económicos ni estéticos que dictan las modas y la multinacionales. Y esos gobiernos, como garantes de una pluralidad que desde luego, y por suerte, no es tan marginal como las mayorías quieren hacernos pensar, deben cubrir los huecos que los inconformistas, los librepensadores, los alternativos (con todo su alcance), los tolerantes, los que abren sus miras más allá de sus ombligos, rellenan y completan, dando forma a eso que los filósofos han dado en llamar, no sé si demasiado aventuradamente, sociedad plural moderna. |